Todos deseamos ser felices y no sufrir. ésta es la motivación básica del ser humano de todos los tiempos. Veamos cuáles son las "verdades" en las que nos basamos para lograr ese objetivo.
Partimos de la convicción que "existo yo", existen, "los demás", y existen "las cosas". Así, separadamente y en ese orden de importancia, primero "yo".
Que la felicidad se basa en: no morir, no enfermarnos, no envejecer, ganar y no perder; tener trabajo, creatividad, amor, la felicidad de nuestros hijos, ganancia económica, éxito.
Sentir placer (que para nosotros es "recibir algo gratificante del afuera") y no displacer; obtener todo lo que nos gusta y que no suceda lo que no nos gusta, lograr siempre elogios y no desaprobación, tener poder, dinero, bienes materiales, pareja, hijos, conocimientos, todos como "objetos" para poseer u objetivos para lograr.
Simultánea o alternativamente, deseamos todo. Pero no lo logramos. O muchas veces, cuando obtenemos algo, no nos resulta suficiente, o lo perdemos, o padecemos esa sensación de insatisfacción porque se termina el deseo. Intelectualmente pensamos que todo no es posible, pero no es así como sentimos porque lo que nos domina es lo que deseamos y no lo intelectual.
El sufrimiento es una experiencia personal. El de causa concreta o física, o el de causa mental-emocional, es sufrimiento si es una experiencia mental-sintiente. Sin mente que percibe, no se sufre.
Si creemos que somos exclusivamente seres separados y nos centramos en existir y desear siempre lo mejor para nosotros y sin cambios, el sufrimiento se presentará siempre en nuestras vidas, porque todo cambia y nada permanece. Inevitablemente sufriremos enfermedad, envejecimiento y muerte.
Aunque logremos algunos objetivos deseados (amor, bienes, éxito, hijos), no es posible retenerlos, son perecederos. Además también cambian nuestros sentimientos por las "adquisiciones": muchas hoy las queremos, mañana no.
Sumado a esta "realidad inevitable", al creernos totalmente seres separados, cada uno de nosotros se identifica con ser el sujeto central, en forma egoísta nos importa sólo "lo mío y los míos". Miramos todo lo demás localizándolo afuera, seguimos los dictados de nuestros deseos ego-céntricos y separados de los otros seres sintientes, del entorno, de la naturaleza; somos indolentes al padecer ajeno y realizamos acciones que son equivocadas, hacen daño y resultan siempre en sufrimiento para nosotros y/o los demás.
Sin entender, percibir y vivir desde una visión de pertenencia a una totalidad indivisa, integrando y amando todo, uno y los demás, sensibles a los efectos de nuestros sentimientos y acciones en nosotros y los otros, y todos los tiempos (pasado, presente y futuro), no hay salida para el sufrimiento humano.